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Barbate, foto de Juan Daza |
O correr. O volar. Hazlo mientras
tu cuerpo te lo permita. Porque si no lo haces, será tu mente la que te impida
hacerlo más adelante. Imagínate por un momento: No poder hacerlo nunca más.
No lo permitas. No dejes que nada
ni nadie frene tu movimiento.
Tumbarse, de tumba.
Esperar, igual, pero sin raíz.
Echar una cabezadita después de
comer, para algunos, gloria bendita. Es distinto, y otro tema. Hay quién
prefiere un polvo. Que es distinto también.
Si pasa algo tras el inmovilismo,
no busques responsables, eres tú quién intentará huir estando ya dentro de la
cárcel de la culpa, cuando ya no se puede hacer nada, aún sabiendo que tienes
sobre tus hombros toda la responsabilidad.
Para entonces puede que ya sea
tarde. ¿Cómo afrontarás una derrota contra ti mismo?